martes, 3 de septiembre de 2013

LA MUJER QUE HABLA CON DOS VOCES


                                                 Fotografía: William Hacker.



[Desdoblar una mujer, hacerla
polvo y raíz desprotegida. Sumar días,
con la frecuencia con la que lavas tu cuerpo.]

                                                                           Pronombres vacíos.                   

La mujer desdoblada se rinde [me rindo]
y no soporta [y no soporto] los desenlaces
que llevan al cuerpo como reducto de vigencias.
Se rinde [me rindo] y no te llama
[y no te llamo] ahora, ni será [seré] piedra.
                     
                                                                            Un sintagma obsoleto.

[No me hables de la voz que ruge, ni
de los imperios desaparecidos. No,
abórdame con cánticos que sepan
a la carne de la que me desprendo.]

                                                                            El verbo no te roza. 

La mujer que habla con dos voces.
Asombrada una, silábica otra.

                                                                         

                                                                          
                                          
                         

sábado, 13 de julio de 2013

EL MITO

                                                              Fotografía:  Paul Strand




                   "Cuando hay que optar entre la verdad histórica o el mito, yo me quedo con el mito"
                                                                                                                                  John Ford


¿Quién te ha dicho que necesite
la urgencia del que busca imágenes
en diversas retinas? No,
tú no mencionaste la palabra
que aborta todo camino recto.

Yo conformaré un vestigio que salde
la cuenta que tengo con tus alabanzas.

Construiré un río de sonidos que
no necesite respirar. Me volveré
política, compasiva, experta
en engranajes que florezcan
con la verdad que ahuyenta el dolor.

Yo ampliaré el campo de batalla,
lo haré perfecto. Lo dotaré de miedos.

Ahora, aquí, durante la celebración
de esta larga marcha que serena
tus jaquecas, soy la parte del mito

que no reconoces, esa
que guardas en el puño cerrado
que tus creencias alimentan.

Lo sabes, no estaba escrito:
permanecer en este territorio para siempre.

Así, hablará el mito.

miércoles, 13 de marzo de 2013






De pequeña, me enseñaron a medir la distancia de las tormentas eléctricas.

Cuando los relámpagos inundaban el salón, mi madre se asustaba, apagaba todos los aparatos de la casa que dependían de la electricidad. Encendía linternas y velas que repartía por toda la casa. Y allí, en la sosegada atmosfera que la tormenta generaba por obligación, nos dedicábamos a cualquier cosa para entretenernos mientras la tormenta se alejaba: mi madre cosía mientras nosotras hacíamos los deberes, o se sentaba a fumar un cigarro mientras los truenos y relámpagos marcaban el desarrollo de la tarde. Esas tardes me gustaban, no por la sensación de encontrarnos aislados de cualquier cosa en ese momento. Me gustaban porque algo tan incontrolable como una tormenta eléctrica conseguía sentarnos en torno a un mismo miedo.

Y durante esas tardes, aprendí a medir la distancia que separaba una tormenta del punto donde me encontraba.

El sonido y la luz se mueven por la atmósfera con distintas velocidades. Eso lo aprendí cuando aún me sentaba a aprender a hacer raíces cuadradas. Mi padre me enseñó que si contaba los segundos que separaban el relámpago del trueno, los agrupaba en grupos de tres y cada grupo contaba como un kilómetro, tendría la distancia a la que se encontraba la tormenta. Pasaba esas tardes calculando el avance o su huida. Me pegaba al cristal, mis gafas golpeaban el cristal del salón y no me daba miedo ver como el relámpago cruzaba de una nube a otra. Mis dedos eran veloces, mi mente dividía y sumaba segundos. La tormenta nunca se quedaba toda la noche.

Y la luz y el sonido ya no me daban miedo.  

miércoles, 6 de marzo de 2013

El animal salvaje


Fred Herzog



No existe la epopeya. No existe
como lo que era -como esa manera
de ennoblecer la historia-.
¿Dónde se refugian los héroes
de nuestra infancia?

Y yo, respondo:
- Migran de un estado a otro. O en realidad,
se esconde bajo la alfombra.

Nos resulta tan fácil
pensar dónde hemos estado, aunque
todo forma parte de un acuerdo. Algo
pactado en nuestras pesadillas.

Y me digo a mi misma:
- No existe limpieza en el futuro, porque
no la hay en  la historia que lo alimenta.

En el fondo, seguimos siendo
una parte de aquel animal salvaje.


viernes, 28 de diciembre de 2012






Miramos de reojo. Sí.
Porque, en el fondo,
necesitamos huir de nuestros simulacros.

Y nos debemos
las distintas formas de arrojar
el deseo de parecer lo que somos.

Ya se sabe:
no todos necesitan la misma luz.









miércoles, 31 de octubre de 2012

AFIRMACIÓN EN VOZ BAJA


                                                     Foto: Matthew Brandt


Envidio a los que hablan en voz baja,
a esa gente que susurra
y apenas atraviesa,
su discurso, la ráfaga de viento. Un discurso
que se adentra y aletea,
y que hilvana, suavemente,
las grietas que, cerradas, aún respiran.


Envidio a los que modulan su tono hasta desaparecer.
Hasta ahogarse en remolinos
que se nutren de publicidad y vidrios,
de basura
que se adhiere a nuestras manos.


No envidio a los que ríen
tras la algarabía en su discurso.
No, a esos, sé que no.


Sonrío y me muerdo los labios. 


Y despacio, bajo la voz. 


viernes, 17 de agosto de 2012

NUNCA INVOQUES AL INVIERNO






                                                                   "si dolió tanto, ¿cómo podría doler más?"
                                                                                                             María Negroni


Si ha dolido, podrá volver a doler tanto como el cuerpo
desee. Un ave, un plumaje grisáceo como el filtro
que la tormenta despliega sobre el campo.

¿Por qué despierto si el tacto del invierno no es rugoso?

En cada tentación de recompensa, el pacto siempre
aparece como el culmen de la vida.
No soy quien pretende abarcar todo el dolor.

El ave, resiste si es necesario llenar cada boca
con el origen de esta tormenta. Sigue durmiendo.
El cuerpo, aún no ha dejado que la frontera se cierre.

Dime,
el sufrimiento, ¿cuantas luces en retirada invierte?.